Aún recuerdo como si fuera hoy el día que nos casamos. Una mañana de mayo hermosa y resplandeciente. La boda culminó un corto noviazgo; apenas habíamos salido juntos quince meses, pero pensamos que ya nos conocíamos suficientemente y que, desde luego, nos queríamos; entonces, para qué esperar. Yo le había dicho a Eva que no estaba dispuesto a casarme con cuarenta años como hizo mi padre.
Parece mentira, pero han pasado cuarenta años desde aquel día y vamos a celebrarlo en la intimidad, los dos solos en casa, con una cenita que he encargado a un restaurante. Será la mejor manera de conmemorar nuestra vida en común. ¡Cuántos recuerdos! Hemos tenido nuestras dificultades, como todos los matrimonios, ¿quién no las ha tenido? Pero seguimos juntos.
Los primeros meses fueron maravillosos, llenos de amor y dedicación; una auténtica luna de miel. Me esperaba con mis platos preferidos, y siempre estaba dispuesta, atenta a mis deseos. Al salir del trabajo iba a buscarla y saliamos a pasear. Todo el mundo decía que éramos un matrimonio modelo.
No sé exactamente cuándo, pero poco a poco, la situación empezó a cambiar. Por las mañanas quedaba con su hermana para ir al mercado y tomar un café, después llegaba con el tiempo justo para preparar la comida. Más adelante comenzó a salir con sus amigas por la tarde; me decía que iban al cine o a merendar.
Soy un hombre comprensivo, así que pensé que no tenía demasiada importancia. Pero, sus salidas eran cada vez más frecuentes, y no me daba explicaciones de adónde o con quién iba. Una tarde, que la llamé por teléfono desde la oficina y no me contestó, decidí que ya era hora de tomar cartas en el asunto. ¿Qué hacía todo el día por ahí? Acaso estaría buscando un novio.
Esa misma noche, cenamos como siempre a las diez, y cuando me estaba sirviendo el café, no me lo pensé más. Sujeté con fuerza sus manos y le dije: “Estoy harto. ¿Qué haces de aquí para allá?. ¿Crees que soy tonto y no sé que andas buscando por ahí?”. Ella me respondió que estaba muy equivocado, que sólo quería salir un rato… en ese instante me levanté, la agarré por los hombros, zarandeándola. “Estás loco…” Luego la abofeteé. Cuando me di cuenta, estaba en el suelo. La ayude a levantarse. “Lo siento. Si me obedeces, no volverá a repetirse”. Esa fue la primera vez.
Hubo algunas más… muchas más; hasta que por fin, pudo comprender lo que debía hacer para evitarlo. Entonces, un solo gesto, una simple mirada, bastaban… Lo había entendido. Era muy sencillo: tan sólo tenía que estar siempre pendiente de mí.
Los años siguientes fueron los más felices de nuestras vidas. Estábamos siempre juntos… y solos. Eva, apenas veía a su familia, salvo en días muy especiales como bodas, bautizos… o en Navidad; sus amigas dejaron de llamarla porque les decía que no quería salir. Así que era solo para mí. Lo que siempre había soñado.
En medio de tanta felicidad, inesperadamente, ocurrió algo terrible. Sucedió hace un mes. Ese día había vuelto a casa un poco antes de la hora habitual porque un dolor de cabeza me había dado la lata toda la tarde y no podía más. Cuando entré en el portal, me la encontré enfrente con una maleta en la mano.¡Qué decepción!.
De todos modos, sigo siendo un hombre comprensivo, y no voy a permitir que un momento de debilidad de al traste con tantos años de matrimonio, así que vamos a celebrarlo y olvidar ese triste episodio. Eso es lo que le he dicho cuando esta mañana le he deseado feliz aniversario. También, que si es buena y se comporta, la desataré para que podamos brindar por nosotros; por cuarenta años más de felicidad.
Para Marta, para Raquel, para Celia, para Noa… para todas las mujeres que intentan liberarse del nosotros, para ser sencillamente ellas mismas.
Casandra



1. roris o Venres, 14/11/2008 ás 18:00:
Muy bueno!! aunque tristemente la realidad siempre supera la ficción.
2. anonimo o Domingo, 16/11/2008 ás 16:12:
jajajajajajajajaja
buenísimo!!!!
pobres mujeres! que no pueden salir de casa!!!
atendede os fillos carallo
3. Mª Jesús Regueiro Burgo o Domingo, 30/11/2008 ás 18:47:
En cuanto al relato de Casandra, mi calificativo es de “excelente”.
Me gustaría contestar al comentario ,de “ANÓNIMO”:simplemente, resulta patético, hiriente, y de mal gusto. Su ironía denota, desde la rabia, sus cualidades.¿Tiene usted también atada a su posesión?. Que triste.
4. Marta o Xoves, 18/12/2008 ás 18:36:
Trs fallecidas mas en los ultimos 3 dias.Patente queda, que las órdenes de alejamiento no valen para nada¡¡.Hasta cuando la justicia va a seguir permitiendo que sigan muriendo mujeres?Hasta cuando se va a consentir que perdamos a nuestras madres, hijas, hermanas o amigas?
Ojalá algun dia, el rechazo de la sociedad hacia éstos personajes sea tan grande que no se atrevan ni a traspasar la puerta de su casa.Todo se andará…
Saludos