ADIÓS
Clasificado na sección Lecturas

Creado por casandra o Martes, 30 de Decembro de 2008

Hola Ana:

Hace días que te debo unas líneas, pero hsata hoy no me he sentido con fuerzas para hacerlo. En primer lugar, muchas gracias por haber estado tan cerca de mí en estos útlimos tiempos tan duros, a pesar de que estemos tan lejos. Ya han pasado una semanas de la muerte de mi padre y, por fin, me encuentro con el ánimo de escribirte y contarte cómo viví sus últimos momentos.

(…) Después del mediodía, a la hora de comer, el tanatorio se vació y me quedé a solas en él un ratito. Y entonces, por primera vez, pude fijarme en mi padre. Estaba un poco aturdida por el bullicio delas útlimas horas después de su muerte. Todo había sucedido tan deprisa: la visita del médico que certificó su fallecimiento, la funeraria, las llamadas a la familia y a los amigos…

Allí estaba, bajo el cristal del ataúd, recién encargado. Un hombre elegante, con un bigote un poco antiguo. Llevaba un traje azul con rayas color granate y una corbata con triángulos azules. Ese traje, es el mismo que estrenó el día de mi boda, hace más de doce años. Hay  que er, Ana, lo que duran algunos trajes: mucho más que algunos matrimonios. De pronto, me vino a la cabeza aquella foto. Jorge, mi ex, y yo, salimos or la puerta del Juzgado el día de nuestra boda. En ese instante en el que Paco, el primo de jorge, disparó esa foto, se ve como un detenido entra por esa misma puerta, esposado con las manos a la espalda, flanqueado por dos agentes de la Guardia Civil. Dos pasos más atrás se ve a mi suegra y a mi padre. Los cuatro sonreimos, mientras cerramos los ojos para esquivar el arroz que lanzan la familia y los amigos.

Siempre pensé que en un momento como este me contraría triste, abatida por la pérdida; que lamentaría las discusiones que habiamos tenido siempre, que me pesaría no haberle desmostrado el cariño que, de verdad sentía por él; sin embargo, estaba ahi sentada frente a su cadaver, sparados por una vitrina de cristal y pensando en un traje azul con rayas de color granate. En una foto de boda con un detenido, y en la sensación que tuve la primera vez que ví aquella foto. Así es la vida, mientros unos salen felices y confiados a amarse, a casarse, a llevar  a los niños al parque, otros entran tirstes, derrotados, en los juzgados, en las cárceles, en los hospitales…

No recuerdo el tiempo que estuve contemplandolo hasta que llego mi madre con mi hermana. Las abracé, luego lo miré por última vez, antes de abandonar la sala.

Entonces fui consciente de que lo había perdido para siempre. Que ya no habría tiempo para aclarar malentendidos, para llenar las horas de silencio entre los dos, para decirle lo que lo quería… Pero sobre todo, en aquel instante, sentí que hubiese dado cualquier cosa por haber bailado con él un tango, un fox-trot, un vals… cuando me cogía las manos para que bailase con él en las fiestas de fin de año de mi infancia y, yo, avergonzada decía que no. (…)

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