Hoy, una mujer víctima de violencia nos ilustra con su testimonio, para que podamos entender, las que no pasamos por ello, todo lo que supone que la persona que amas te maltrate.
Antetodo, agradecerle que nos permita hacerlo publico y expresarle nuestra solidaridad, apoyo y reconocimiento por haber conseguido salir y vivir una nueva vida libre de violencia. Una nueva vida que no le ha salido gratis, como podreis comprobar cuando leais todo el relato.
Sin más, os dejamos con sus palabras:
“….mi ex-maltratador se relacionaba con una yo que no existía gravitaba sobre mí desde el principio de aquella situación. Aun reconociendo esa sensación de inestabilidad total, que era como carecer de suelo, precisamente por no tener dónde agarrarme, la situación se prolongó muchos terribles años. Lo peor era notar cómo esa persona inexistente, la imagen de mí, cobraba fuerza en él, pero ella no podía hacer nada puesto que no existía; a la vez yo, la persona real de carne y hueso, iba desapareciendo, emborronándome, diluyéndome. Una mujer maltratada no está en la relación por el mal trato, sino a pesar de él. Ella ama a ese hombre, cree en él. Un día se enamoró de algo que le tocó en lo profundo de su alma y confía en que es real, en que eso que vio en él y que la enamoró es justamente la parte sustancial de él, ese hombre especial para ella”. “Los malos tratos que ha recibido ni siquiera le parece que provengan de él, del ser verdadero del hombre, por así decirlo. Los toma como pequeñas crisis, crecientes, cada vez más grandes, pero crisis, reacciones disculpables, incluso malentendidos, algo humano, fallos, nada que ver con la esencia de lo que ella ama. Además de eso, ella cree que tiene la culpa de que la relación haya salido mal o se haya deteriorado. Cree que ella ha hecho mal su parte, que mientras él estaba en crisis ella no supo ayudarle.”
“Cuando se aleja, lo hace porque el mal trato la va destruyendo y ella ama la vida. Se aleja, en cierto modo, siempre provisionalmente, mientras él se cura o cambia, para curarse ella misma y cambiar. Separarse de él no lo vive como algo definitivo. En la distancia, vuelve a saborear esas cualidades de él que la enamoraron y finge y actúa en su cabeza una relación nueva con él en la que ella lo hace bien y la relación se salva. Cuando por fin consigue salir adelante, rehabilitarse como tú dices, reestructurarse digo yo; cuando ya tiene un trabajo y un cole para sus hijos y un entorno que tal vez la acoge (aunque ese nuevo entorno para ella no deja de ser como un país extranjero), la propia rutina favorable la hace creer que todo es posible, que también él, seguramente, habrá tenido tiempo de pensar, habrá salido de sus crisis, habrá cambiado. Cree además, que, seguramente ella misma debe de haber aprendido a enfrentarse a aquello que hizo mal. Porque en su corazón sigue creyendo en él y amando a ese hombre; ese hombre es “su país”. Ocurre además que cuando una se separa de un maltratador, se le cae por tierra el edificio de la propia vida y de la propia persona. Es como si la vida dijese a la mujer: “todo lo que has hecho, lo has hecho mal. Todos estos años que han pasado, no han pasado. Toda tu vida ha sido una mentira una sarta de falsedades. Porque has vivido cinco, diez, veinte años con un hombre que no supiste elegir, por eso has vivido una vida de mentira”. Si ese mensaje resulta cierto, la mujer maltratada se siente morir, vacía, su vida ha sido toda en vano. Imagina qué vacío siente ella, Marisol. Al final, juntas todo y tienes muchas más “razones” para volver con él que para seguir lejos de él. Volver con él, si la vida con él fuera posible, y el corazón de la mujer lo es, significa reestructurar su vida pasada y dar sentido al presente y al futuro. Por eso vuelve, porque tiene que demostrase a sí misma que es una mujer entera y capaz, que cuando se enamoró no estaba loca, que su vida entera tenía sentido, que sus hijos provienen e un padre y no de un monstruo, que lo que ha sido, ha hecho y es y hace forman un continuo dentro de ella que le dan sentido como ser humano, que su esencia está entera. Porque si no es así, si ella está rota, la vida duele tanto que mantener la opción del alejamiento es el destierro no del país, sino de su propia alma. ….””No sé si estas cosas se pueden “entender”; a lo mejor no. A lo mejor hay que vivirlas para saberlas…Una superviviente de VG no deja de cuestionarse su propia valía, la esencia de su persona, su mero ser. La pregunta es “Si me equivoqué tanto y puse mi amor en un infierno, ¿qué o quién soy?” “Como ese infierno surgió, en primer lugar, del amor, la mujer no tiene más opción, en principio, que negar el maltrato. Piensa: NO ES POSIBLE QUE SI ME AMA, ME MALTRATE. ME AMA: LUEGO NO ME MALTRATA.Para salir de él, lo primero tiene que aceptar que lo que recibe es maltrato. Pero no basta, pues siempre está el amor diciendo “aquí estoy yo”. Ella ama a su compañero. Sabe que es humano. Si tiene malos momentos, bueno, todos nos equivocamos. No se le pasa por la cabeza, a causa de ese amor de origen, que él pueda tener intención de destruirla. Ella no concibe el amor/posesión, sino que vive el amor/entrega. Nada de esto se da en el caso de otras víctimas vinculares. Por eso, creo que si llegan a salir del maltrato sin estragos totales que las hayan aniquilado (que también es posible, dada la crueldad), esas otras víctimas pueden realmente reestructurarse y vivir. Las cicatrices del maltrato en VG, en cambio, son daños estructurales internos que sólo pueden suplirse con dos cosas: tesón personal y apoyo social. Ya vamos viendo que el apoyo social es más bien precario. En cuanto al tesón personal, en la superviviente, la voluntad de vivir sustituye a su esencia dañada, y, como todos los actos de voluntad, hay que actuarlo todos los días, mirar a la cara a la ausencia de persona que se ha instalado dentro de ella desde que se fue de la relación, porque con el fin del maltrato y el fin del relación, ella incorporó a su esencia el reconocimiento de su error, de su “no ser”, que la relación (insanamente) mantenía. INSANAMENTE, PERO MANTENÍA LA SENSACION DE SER O LA ILUSIÓN DE SER. Al romper con el maltratador y con la relación, también la mujer rompe consigo misma.”

