El feminismo es un impertinente -como llama la Real Academia Española a todo aquello que molesta de palabra o de obra-. Es muy fácil hacer la prueba. Basta con mencionarlo. Se dice feminismo y cual palabra mágica, inmediatamente, nuestros interlocutores tuercen el gesto, muestran desagrado, se ponen a la defensiva o, directamente, comienza la refriega.
¿Por qué? Porque el feminismo cuestiona el orden establecido. Y el orden establecido está muy bien establecido para quienes lo establecieron, es decir, para quienes se benefician de él.
El feminismo fue muy impertinente cuando nació. Corría el siglo XVIII y los revolucionarios a ilustrados franceses -también las francesas-, comenzaban a defender las ideas de «igualdad, libertad y fraternidad». Por primera vez en la historia, cuestionaban políticamente los privilegios de cuna y aparecía el principio de igualdad.
Sin embargo, ellas, las que defendieron que esos derechos incluían a todos los seres humanos -también a las humanas-, terminaron en la guillotina mientras que ellos siguieron pensando que el nuevo orden establecido significaba que las libertades y los derechos sólo correspondían a los varones…
Extracto del libro Feminismo para Principiantes de Nuria Varela

