Arquivo para a categoría 'Igualdade':

¿Hai duas mulleres ou máis que teñan nome?
Clasificado en Igualdade

Creado por noe o Venres, 11 de Xuño de 2010

¿Hai duas mulleres ou máis que teñan nome?

Achegámosvos un artigo de Rebelión enviado por unha compañeira de batalla, que mostra o método Bechdel para determinar a presenza das mulleres nas peliculas.

Para máis información,entrade en:

feminismfrequency.com

O método ten a sua orixe no comic de Alison Bechdel “Dykes to watch out for” de 1985 e baséase en facerlle tres preguntas a unha película:

  1. ¿Hai duas mulleres ou máis que teñan nome?
  2. ¿Fálanse entre sí?
  3. ¿Falan entre sí de outra cousa que non seña un home?

A verdade é que non deixa indiferente.

8 de marzo: día da muller
Clasificado en Actualidade, Igualdade

Creado por roris o Xoves, 4 de Marzo de 2010

Aquí estamos de novo, pois non podíamos esquecer esta data tan importante… prometemos novedades nesta nova etapa, asi que estade atentas e atentos!!! De momento deixamosvos unha recopilación dos actos de conmemoración do Día Internacional da Muller.

ACTOS DE CONMEMORACIÓN DO DÍA INTERNACIONAL DA MULLER

5 de marzo

  • Presentación do libro Camiñan descalzas polas rochas,  ás 20:00 horas  no salón de actos da Fundación Caixa Galicia, organizado por AMNISTIA INTERNACIONAL e a EDITORIAL TRIS TRAM
  • Cea Mulleres solidarias por Haití, ás 21:30 horas, no restaurante Manuel Manuel, organizada polo Concello de Lugo.

6 de marzo

  • Da comezo o curso de Defensa Persoal, que terá lugar sábados e domingos do mes de marzo, de 11 a 13 horas no centro de convivencia Maruja Mallo. Organizado polo Concello de Lugo e impartido por Agustín Trigo, presidente da Federación Galega de Taekwondo.

7 de marzo

  • Marcha pola igualdade: Saída da Praza Maior ás 11:30, organizado polo Concello de Lugo.

8 de marzo

  • O Foro de Participación Cidadá en Materia de Igualdade convoca unha Concentración baixo o lema A crise ten xénero femenino, ás 20 horas, diante da Casa do Concello.
  • Obra teatral Buscando a Hilary, ás 19:30 horas no Circulo das Artes, organizado pola Fundación Caixa Galicia

9 de marzo

  • Representación do espectáculo A vida de Rosa día tras día,  ás 19:30 horas, no salón de actos do Centro de Convivencia Uxío  Novoneyra. Organiza o Concello de Lugo, Grupo Teatral Mariklown

10 de marzo

  • Mesa redonda Muller e discapacidade: a arte de ser muller, ás  17:30 horas, no Pazo de Tor, organiza a Rede Museistica de Lugo
  • Proxeción do filme Lilya Forever, dentro do ciclo CINEMAS DE KANDAHARIA, ás 20:00 horas na Cova da Terra, organizan A Cova da Terra e Asociación Enriqueta Otero

13 de marzo

  • Exposición videorede Xenéricas, e mesa redonda A arte de ser muller nun mundo por compartir, ás 17:30 no Museo Provincial do Mar, organiza a Rede Museistica de Lugo.

17 de marzo

  • Proxeción do filme Pan e Rosas, dentro do  Ciclo Cinemas de Kandaharia, ás 20 horas na Cova da Terra, organizan A Cova da Terra e  a Secretaría da Muller da CIG

24 de marzo

  • Conferencia Avaliación da Lei de Igualdade, ás 10:30 horas no Centro de Convivencia Maruja Mallo, organiza o Concello de Lugo.

Durante todo o mes de marzo

  • Exposición de pintura das autoras femininas dos centros de convivencia.

AVISO: se tes coñecemento de algún acto ou actividade que non este aqui recollida non dúbides en mandarnola.

Axudas ao emprendemento feminino
Clasificado en Actualidade, Igualdade

Creado por roris o Venres, 14 de Agosto de 2009

Servicio Galego de Promoción da Igualdade do Home e da Muller convoca axudas para o emprendemento feminino, distinguindo dúas áreas de actuación:

1. Apoio á posta en marcha de iniciativas empresariais por mulleres.

2. Mellora de proxectos empresariais liderados por mulleres.

Podedes ver a convocatoria completa no  DOG nº159 do 14 de Agosto de 2009

HACIA UN NUEVO CONCEPTO DE SEGURIDAD BASADO EN EL ENFOQUE DE GÉNERO
Clasificado en Actualidade, Igualdade

Creado por casandra o Venres, 10 de Xullo de 2009

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A continuación, un artículo de María Naredo Molero, abogada e investigadora especializada en cuestiones de género y colaboradora de  “as quetas”.

Critica el modelo actual de seguridad  y hace un análisis de  los elementos de una política pública de seguridad con enfoque de género.  Ademas, relata algunas experiencias muy interesantes realizadas por grupos de mujeres en diversas ciudades. Os recomiendo su lectura.

(Artículo publicado en la Revista Catalana de Seguridad Pública)

 

Adecuación de las políticas públicas de seguridad a las necesidades de las mujeres: una cuestión urgente

 

 

María Naredo Molero

 

1. Necesidad de un cambio de enfoque en las políticas de seguridad 

 

Reflexionar sobre el modelo de seguridad pública actual resulta necesario precisamente porque a pesar de que el concepto “seguridad” es uno de los más utilizados y nombrados en nuestros días, rara vez se debate sobre él en profundidad. La ausencia de debate tiene como principal consecuencia la persistencia de mitos y creencias erróneas en torno al mismo, que contribuyen a invisibilizar y desatender las necesidades de las mujeres en este ámbito.

 

En las siguientes páginas se proponen argumentos que permitan desarticular estas premisas erróneas y fundamentar la importancia de un enfoque sensible al género en este campo de las políticas públicas. Se pretende ahondar en las necesidades de seguridad desde la experiencia de las mujeres, para desde ella proponer nuevas claves para una gestión de la seguridad pública. Estas claves, ya se adelanta, parten de que la gestión de la seguridad es una cuestión compleja, como lo es la realidad. Por ello, las estrategias para abordarla no serán soluciones “planas” sino actuaciones complejas, derivadas de un esfuerzo interdisciplinar y coordinado.

 

Conviene acercarse al concepto de la seguridad a partir del significado etimológico de la propia palabra securitas: cuidado de sí[1]. Esta amplitud del concepto original y su relación con el cuidado de las personas y sus derechos contrasta enormemente con lo reducido del enfoque de las políticas de seguridad al uso, que han venido considerándola casi un sinónimo de la “ausencia de criminalidad callejera”. Esta reducción ha dejado fuera de foco buena parte de las relaciones y actitudes de las que queremos “cuidarnos” las mujeres, pero además ha contribuido a la conformación de la seguridad como un derecho “contra” (mi seguridad contra tu libertad; la seguridad de una parte de la ciudadanía contra seguridad de otra).  

 

Como veremos a lo largo de estas páginas, la seguridad no sólo no está reñida con la libertad, sino que más bien no resulta concebible sin ella. La seguridad está íntimamente relacionada con la libertad de movimiento y uso de los espacios urbanos, y con la libertad en las relaciones personales, en especial en la esfera íntima. Un enfoque democrático de la seguridad pública, lejos de tomar la defensa de este derecho como pretexto para recortar libertades, debería empeñarse en garantizarla al conjunto de la ciudanía en igualdad de condiciones.

 

Cabe preguntarse cómo ha sido posible que a partir del significado inicial del vocablo securitas, las múltiples fuentes de inseguridad derivados del mismo hayan sido reducidas a una concreta (y en determinados entornos, más bien anecdótica): la criminalidad callejera relacionada generalmente con los delitos contra la propiedad. Responder a esta cuestión nos permite desvelar cuatro decisiones que podríamos considerar el “basamento mítico” sobre el que se asienta firmemente el enfoque ordinario de la seguridad pública ciudadana: 

 

Primera decisión: Tomar como sujeto de protección a un “ciudadano tipo” con la pretensión de que representa las necesidades de seguridad del conjunto de la ciudadanía, pero cuya identidad encaja a la perfección con la del hombre-propietario, como veremos a continuación.

 

Segunda decisión: Diferenciar nítidamente dos ámbitos de la vida ciudadana: el espacio público (peligroso) y el espacio privado (referente de seguridad).

 

Tercera decisión: Identificar a determinados grupos sociales, en general precisamente a los más desfavorecidos socialmente, con el peligro.

 

Cuarta decisión: Medir la inseguridad ciudadana a través de las cifras de criminalidad documentada (datos sobre denuncias y atestados policiales).   

 

Veamos cómo estas cuatro decisiones han impactado en la falta de visibilidad y atención de las necesidades de seguridad de las mujeres y de una parte de los hombres, que por su edad o circunstancias personales tampoco se identifican con ese “ciudadano tipo”.  La ciudadanía supone el ejercicio de todo un conjunto de derechos ligados a la calidad de vida[2], como la libertad, la seguridad o la participación. El acceso efectivo de las mujeres a esta serie de derechos ha venido históricamente obstaculizado por una falta de reconocimiento formal o material de los mismos. Un elemento sustancial íntimamente ligado a la falta de reconocimiento material de dichos derechos han sido las políticas públicas neutras, basadas en la ficción que “como somos iguales en la ley, lo somos en la realidad”.

 

Las políticas de seguridad ciudadana han sido, y salvo excepciones son aún, un claro ejemplo de políticas públicas neutras, basadas en el supuesto de que la experiencia de un “ciudadano tipo” es capaz de representar las necesidades de seguridad del conjunto de la ciudadanía. Cabe mencionar que este sujeto “representante” no fue elegido al azar sino que el propio sistema sociopolítico y económico lo erigió en tal.  

 

Pero, mientras la gestión pública de la seguridad puso su atención en los ataques a la libertad en el marco de la delincuencia contra la propiedad entre personas desconocidas, la experiencia de las mujeres discurría por cauces bien distintos.  La experiencia de las mujeres se obstina en ubicar la restricción de libertades y la merma en el disfrute de los derechos humanos fundamentalmente en el entorno conocido, y muy especialmente en el domicilio familiar y el ámbito laboral. Las personas que entablan relaciones de abuso y opresión con las mujeres no suelen encajar en el estereotipo de “colectivos peligrosos”, sino que generalmente forman parte del círculo de personas cercanas, cualquiera que sea la edad y clase social[3] de las mujeres. En las vivencias de las mujeres el referente del domicilio como “guarida” frente a los peligros de la calle, queda en entredicho.  

 

Por tanto, encontramos que la decisión de poner el acento en los espacios públicos y en las personas desconocidas como fuentes de peligro, ha desenfocado los principales espacios y relaciones que provocan agresiones a la seguridad de las mujeres. Y que la pretensión de medir la inseguridad a partir de la criminalidad documentada, ha ido en la misma dirección. Tengamos en cuenta que en la experiencia de las mujeres, los abusos (hasta los más graves) denunciados[4], son una excepción. La mayor parte de las fuentes de inseguridad objetiva vividas por las mujeres son delitos no denunciados u otras microviolencias no tipificadas como delito.  

 

Pero la experiencia de las mujeres aporta, además, información reveladora que ayudaría a superar otra importante creencia errónea ligada al enfoque ordinario de la seguridad pública: la pretendida vinculación entre la percepción de la inseguridad y la criminalidad objetiva (zonas inseguras = zonas con mayor tasa de criminalidad documentada o personas inseguras = personas que han sido victimizadas). En el siguiente apartado se sostiene la importancia de reconocer el papel de la socialización en la creación del miedo y de tomar en cuenta en el diseño de estrategias de seguridad la disociación entre las raíces del miedo y las experiencias violentas. Pero antes, veamos un ejemplo que pone de relieve la desconexión entre ambos elementos y la falta de reflejo de los abusos sufridos por las mujeres en el saber oficial sobre seguridad.

 

En Montreal, una de las ciudades norteamericanas con menor tasa de criminalidad documentada, se realizó en los años noventa un sondeo sobre percepción de la seguridad. Éste reveló que 2 de cada 3 mujeres sentían miedo de salir solas de noche. El Comité de Acción Mujeres y Seguridad Urbana de Montreal (CAFSU)[5] puso de relieve que este dato podía desencadenar la reacción entre los agentes de intervención (policía, profesionales municipales) de tratar de “convencer” a las mujeres de que no debían tener miedo, ya que Montreal era una ciudad objetivamente muy segura, pues así lo revelaban los datos oficiales. El citado Comité de Acción realizó una publicación que pretendía explicar este tipo de datos a partir de dos argumentos esenciales en materia de seguridad:

 

a) la incorrección que supone partir de los datos de criminalidad documentada para afirmar que una ciudad es segura, pues el 90% de las agresiones cometidas contra las mujeres no son reportadas oficialmente; y

 

b) la necesidad de buscar muchos de los porqués del miedo en un terreno distinto al de los abusos y delitos objetivamente producidos, documentados o no.    

 

 

2. Puntos de partida para una gestión de la seguridad con enfoque de género

 

El elemento “subjetivo” y la importancia de la socialización  

 

Según las estadísticas oficiales de criminalidad, las mujeres son menos victimizadas que los hombres en el espacio público y, sin embargo, su miedo es mayor[6]. Esta aparente paradoja no se explica sólo a partir del impacto que pueda tener la violencia contra las mujeres en el espacio privado. Es preciso ir más allá de las agresiones concretas vividas y  buscar las raíces del miedo en la socialización, en la educación de las mujeres y de los hombres, y comprender la función de estos mecanismos de “creación” del miedo.   

 

Así, uno de los elementos esenciales que deberían caracterizar a las políticas de seguridad con enfoque de género es reconocer la importancia del componente subjetivo (el sentimiento, la percepción) de la seguridad y desvincularla, al menos en gran parte, de las fuentes objetivas de inseguridad. Reconocer la importancia de la “percepción” permite constatar que las identidades “de género”, es decir, lo que significa ser mujer u hombre en una sociedad determinada, inciden decisivamente en las relaciones con las personas y con el entorno.

 

Una de las características que diferencian la socialización de las mujeres de la de los hombres respecto al uso del espacio público y a las relaciones personales, es el aprendizaje de estrategias de autoprotección por parte de las mujeres. Estas experiencias pueden incidir en una menor exposición al riesgo, pero no son inocuas. Las estrategias de autoprotección generan sentimientos de alerta, de miedo, y limitan las relaciones y el uso de los espacios públicos. CAFSU[7] elaboró un listado de “efectos del sentimiento de inseguridad” en la vida de las mujeres que recogía, entre otros, los siguientes efectos:

 

·        Restricciones en la movilidad;

·        Obstáculos para la participación de la vida social;

·        Dependencia de la protección de otras personas (generalmente hombres);

·        Falta de autoconfianza y desconfianza en personas desconocidas;

·        Sentimiento de culpabilidad y de responsabilidad ante un incidente

·        Transmisión del sentimiento de inseguridad a las niñas;

·        Invalidación de su propia experiencia (no debería tener miedo…)

Reflexionar sobre el impacto de las estrategias aprendidas de autoprotección en la vida de cada mujer es interesante, pero aún lo es más plantear el efecto de dicho aprendizaje en la posición de las mujeres en la vida social (familiar, laboral, política, vecinal, …) y, más concretamente, en la consolidación del reparto de poder y libertades propio del patriarcado. El escritor Eduardo Galeano identificó como uno de los temores de nuestro tiempo “el miedo del hombre a la mujer sin miedo[8], lo cual revela hasta qué punto la inseguridad de las mujeres es un ingrediente básico para el mantenimiento del statu quo de las relaciones de dominación patriarcal.

Y a la inversa, la gran capacidad de transformación social que se derivaría de la superación de ese temor aprendido por parte de las mujeres. Ello no quiere decir que las políticas de seguridad deban orientarse a eliminar por completo el miedo de la vida de las mujeres, ya que este sentimiento forma parte del compendio de emociones intrínsecas a todo ser humano. Pero, volviendo a la definición inicial de seguridad como “cuidado de sí”, las estrategias públicas de seguridad podrían apoyar una socialización femenina exenta de miedos difusos y mal orientados, y a la vez fomentar la capacidad de las mujeres de identificar las relaciones nocivas de las que es preciso “cuidarse”. 

 También resulta interesante en este mismo sentido comparar las consecuencias del miedo o la inseguridad, antes descritas, con los efectos de una relación de violencia habitual de género, lo cual permite comprobar que ¡las consecuencias más relevantes son las mismas en ambos casos! (aislamiento, dependencia, invalidación de la propia experiencia…).

Por todo ello, el abordaje del sentimiento de inseguridad de las mujeres debería ser una cuestión central en el planteamiento público de la seguridad ciudadana. Profundizar desde un enfoque de género en la génesis del miedo permitiría formular propuestas de fomento de la seguridad que atiendan a sus verdaderas raíces. Se evitaría así canalizar todo un conjunto de inseguridades personales y sociales difusas en forma de castigo a los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

 

La conexión entre lo público y lo privado

 

Otro de los puntos de partida importantes del enfoque que se propone es considerar las fuentes objetivas de inseguridad que afectan a la vida de las mujeres como un “continuo” en la vida social y familiar. Es importante superar el enfoque que “compartimentaliza” la vida de las personas (domicilio seguro versus espacio público peligroso) y entender que más allá de los espacios, debemos considerar las relaciones que producen inseguridad y violencia.

 

Ya se ha indicado que las agresiones contra las mujeres muy a menudo aparecen sub-representadas en las estadísticas oficiales y que, en gran parte, esto es debido a que provienen generalmente de personas conocidas, cuyo espacio de relación se ubica en el ámbito privado o conocido. Este espacio ha sido escasamente considerado por las políticas de seguridad, con la excepción de los casos más graves de agresiones físicas contra las mujeres. Tampoco ha sido objeto de estudio y atención el impacto que pueden tener las agresiones que muchas mujeres reciben en estos espacios “invisibles” (las relaciones de pareja, la familia, el trabajo) sobre su percepción de seguridad en la  utilización del espacio público.

 

Por tanto, el enfoque propuesto debería tomar en consideración:

 

·      Las diferentes fuentes de inseguridad, tratadas como un continuo en las esferas pública y privada;

·      Los elementos objetivo y subjetivo que conforman la inseguridad de las mujeres;

·      Las relaciones de opresión no delictivas pero que potencian el sentimiento de inseguridad y refuerzan las estrategias de autoprotección de las mujeres.

 

Contextualizar las fuentes de inseguridad en la experiencia de las mujeres, y relacionarlas con comportamientos de personas conocidas – incluso íntimas – o con el miedo aprendido desde niñas, permite tomar conciencia de que no se puede identificar a ningún colectivo social como fuente de inseguridad. Y que sí cabe identificar un modelo de relación, como generadora de violencias (generalmente masculinas) y de miedos (generalmente femeninos). Este tipo de relación, que es causa y consecuencia de la sociedad patriarcal, se asienta en la visión de “complementariedad”, y por tanto de dependencia, de los géneros. Como dos caras de una misma moneda, dicha relación se establece sobre un modelo de masculinidad orientado a proteger, controlar y negar el propio miedo, y sobre un modelo de femineidad caracterizado por los temores difusos y la búsqueda de protección masculina.

 

3. Elementos clave de una política pública de seguridad con enfoque de género

 

Incorporar el enfoque de género en las políticas de seguridad significa adoptar una mirada concreta; una mirada que identifique elementos comunes en función del género y otros factores de socialización, y que sea capaz de recoger todos los matices de las fuentes de inseguridad (objetivas y subjetivas) percibidas y vividas por una ciudadanía diversa. Para producir resultados se requiere que esta “mirada” se convierta en una práctica sistemática, no anecdótica, de las instancias públicas intervinientes. Observar el impacto diferenciado de comportamientos, prácticas relacionales, políticas, sobre la percepción de la seguridad y sobre la seguridad objetiva de hombres y mujeres no resulta sencillo. Requiere tiempo, personal formado y financiación. Por ello, las autoras que han trabajado en los aspectos más prácticos de la puesta en marcha de esta nueva perspectiva de gestión de la seguridad, plantean como paso fundamental “la institucionaliazación”[9] del este enfoque.

 

Pero además de observar, la adopción de esta perspectiva implica tener vocación de  transformar, de alcanzar un compromiso político que ponga en marcha estrategias capaces de incidir en las raíces de la violencia, la falta de libertades y el miedo de las mujeres. Y el primer paso para lograr esa transformación es replantear el enfoque y el desarrollo mismo de las metodologías de diagnóstico, de análisis, de generación de las propuestas y de evaluación). A continuación se proponen algunos cambios que podrían ser clave en este sentido.     

 

La experiencia de las mujeres como centro

 

Las mujeres pueden ser el centro de la intervención como:

 

Objeto  o  Sujeto

 

Beneficiarias  o    Expertas

 

Raíz del problema   o     Protagonistas

 

 

Fuente: CAFSU. La seguridad de las mujeres. De la dependencia a la autonomía. Montreal,  2002.

 

La visión tradicional de la seguridad marginalizó las experiencias y requerimientos de las mujeres tras el paradigma de la “seguridad única y objetiva”. Es esencial, por tanto, enfocar lo que antes estaba desenfocado, y colocar la experiencia de las mujeres en el centro, pero desde el rol de éstas como sujetos – protagonistas – expertas.

 

Un cambio fundamental debería ser la incorporación de metodologías capaces de hacer visibles las experiencias de hombres y mujeres en materia de seguridad. La recogida de datos desagregados por sexo en las estadísticas sobre criminalidad documentada y en los estudios sobre percepción de la seguridad, o la utilización de metodologías participativas, deberían ser prácticas utilizadas. En el último apartado de este artículo se mencionan algunos ejemplos de metodologías  transformadoras, que atribuyen a las mujeres un rol de “expertas” y fomentan la relación entre vecinas, y la apropiación de espacios urbanos a menudo “prohibidos” en su cotidiano.

 

Como muy bien apuntan las integrantes de CAFSU, el reto no puede radicar sólo en lograr que las mujeres estén en el centro de la intervención, sino en que el rol que se les atribuya sea un rol de “titular de derechos” capaz de movilizar y adecuar las instancias de intervención a sus requerimientos. Por ello, el cambio metodológico que se propone debería alcanzar también al enfoque de las instancias previstas para la defensa de los derechos de las mujeres.

 

Las mujeres pueden ser el centro de la intervención como…

Objeto        o   Sujeto

Beneficiarias  o   Expertas

Raíz del problema  o  Protagonistas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAFSU (2002): La seguridad de las mujeres. De la Dependencia a la Autonomía, Montreal, Canadá. 

 

Del monopolio policial al abordaje interdisciplinar

 

El enfoque tradicional que explicaba la inseguridad únicamente a partir de las cifras oficiales sobre criminalidad en la calle, atribuía la gestión de la seguridad urbana a una única instancia: la policial. Sin embargo, el enfoque propuesto parte de la complejidad del fenómeno de la seguridad, y sus múltiples causas y manifestaciones, lo cual hace necesario articular una respuesta interdisciplinar, que convoca a una multiplicidad de instancias. Entre ellas, la policial quedaría encargada de reaccionar adecuadamente ante las violaciones de derechos humanos, trabajando desde un enfoque de confianza y empatía hacia las mujeres y de máxima diligencia en la investigación de dichos abusos.

 

Pero además, sería fundamental convocar a instancias que trabajan en el ámbito educativo y de defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad de género para poner en marcha acciones dirigidas a la promoción de los derechos de las mujeres y fomento de su libertad para “correr riesgos”[10].

 

También deberían ser convocadas a este abordaje interdisciplinar las instancias encargadas del diseño urbano[11]. El urbanismo puede fomentar el uso de los espacios públicos y la comunicación vecinal o, por el contrario, incidir en el uso de dichos espacios como meras zonas de “tránsito”. El diseño urbano tiene gran impacto en el sentimiento de seguridad, con consecuencias diferenciadas muy especialmente en función del género y la edad.  

 

 

 

 

La escala de barrio

 

En relación con la afirmación anterior, la seguridad en el espacio público y privado tiene un componente comunitario. La garantía de formar parte de una red social y comunitaria es una fuente de seguridad, como lo es la posibilidad de apropiación y uso (en libertad) del espacio público más cercano. Por ello, se considera que la escala más adecuada para elaborar y desarrollar estrategias de seguridad con enfoque de género es la escala de barrio. El barrio además permite poner en marcha metodologías de participación pública y de fomento de un determinado diseño urbano más propicio a la generación de la vida y el tejido comunitario mencionados.

 

4. Algunos ejemplos prácticos

 

Actualmente, a pesar de que el modelo de seguridad “oficial” sigue sin incorporar el enfoque propuesto en estas páginas, a lo largo y ancho del mundo existen ejemplos que ponen el foco en las diferentes fuentes de inseguridad que preocupan y afectan a las mujeres. Se trata de estrategias que proponen actuar en las dos líneas apuntadas: la percepción y la inseguridad objetiva. Tratan de abordar la inseguridad concreta y, a la vez, poner las bases para una transformación de las relaciones estructurales que la generan. 

 

Una línea de acción clave, relacionada con la incidencia en el aprendizaje del miedo por parte de las niñas, es la educación de niñas y niños, que potencien la seguridad de las niñas y la normalización del uso del espacio público por su parte[12].

 

Íntimamente relacionadas con la construcción de tejido comunitario a pequeña escala (barrios, municipios pequeños) son las estrategias dirigidas a potenciar las redes y espacios de apoyo entre mujeres. Este tipo de acciones, además de reforzar el sentimiento de seguridad, contribuyen a generar redes de conocimiento compartido en materia de derechos de las mujeres, y ayudan a que afloren las agresiones más ocultas.  Un ejemplo de estrategia en este sentido es el Proyecto desarrollado en Petrozavodsk (Rusia), un municipio de cerca de 300.000 habitantes en el que las mujeres organizadas en red se han constituido en referentes para la seguridad de los barrios (especialmente en lo relativo a la violencia oculta contra mujeres y niñas). A la vez, se ha logrado involucrar a instancias sociales, educativas y de planeamiento urbano del municipio y proponer la incorporación del enfoque de género en la elaboración y tratamiento de los datos sobre criminalidad[13]. 

 

Promover el uso del espacio público por parte de mujeres de todas las edades, a través de la realización de eventos culturales y lúdicos en calles y plazas, especialmente en horario nocturno, es otra estrategia interesante.  

 

Y en la misma línea, las caminatas exploratorias[14], los talleres de debate y la elaboración de mapas de percepción de la inseguridad, son ejemplos interesantes de participación de las mujeres en las estrategias de seguridad. El desarrollo de estas acciones contribuye decisivamente a la apropiación del espacio ciudadano por parte de las mujeres y a la creación de redes de vecinas. Actualmente este tipo de iniciativa, surgida en Canadá en la década de los 90, es una herramienta extendida internacionalmente. La elaboración de mapas a partir de la identificación por parte de las mujeres de espacios percibidos como inseguros o en los que han sufrido experiencias violentas, resulta una herramienta esencial para plantear alternativas de diseño urbano sensibles a las experiencias y demandas de las mujeres.

 

Cabe destacar en el Estado español, la experiencia de El Mapa de la Ciudad Prohibida desarrollada en un buen número de municipios vascos[15]. Para el desarrollo de los aspectos técnicos y metodológicos el proyecto cuenta con el asesoramiento y acompañamiento de arquitectas urbanistas. La metodología utilizada (los talleres de debate y las caminatas) permiten recoger de primera mano la experiencia y las propuestas formuladas por las vecinas. Además, en este proyecto se ha potenciado especialmente la participación de chicas muy jóvenes, estudiantes de secundaria, lo que ha constituido un gran valor añadido. Una vez realizado el mapa, los  ayuntamientos deberían adquirir el compromiso de trabajar para modificar el diseño urbano en el sentido de las propuestas recogidas. 

 

En el mismo sentido, en Reino Unido (Londres y Bristol, principalmente) un grupo de arquitectas feministas desarrollan el Proyecto Making Safer Places (Construyendo espacios más seguros), cuya finalidad es promover el empoderamiento de mujeres pertenecientes a franjas especialmente discriminadas de la sociedad (mujeres inmigrantes, pertenecientes a minorías étnicas, con discapacidades o de edad avanzada), abriendo cauces de participación para recoger de primera mano sus experiencias en este campo. La participación de estas mujeres en auditorías sobre seguridad en sus barrios refuerza también el sentimiento de identidad y pertenencia a una red vecinal, y sirve para recoger de primera mano las experiencias de violencia de mujeres que unen al género otros factores de discriminación. Además, el proyecto fomenta la incorporación de la perspectiva de género en la formulación de políticas locales y en la planificación urbana.[16]

 

Más allá de los resultados concretos de las mismas, la importancia de este tipo de estrategias reside en el cambio de enfoque que ejemplifican. En ellas, las mujeres no son consideradas sujetos pasivos a proteger y controlar, sino expertas en posición de elevar sus demandas y de contribuir a generar estrategias de cambio de su propia realidad. Actualmente, este enfoque es aún excepcional pero su generalización podría abrir una brecha profunda en los cimientos del patriarcado; de ahí la urgencia con la que debería ser reclamado.  

 

 

Bibliografía básica

 

CAFSU (2002): La seguridad de las mujeres. De la Dependencia a la Autonomía Montreal, Canadá, en www.femmesetvilles.org.

 

CISCSA-UNIFEM (2006): Herramientas para la promoción de ciudades seguras desde la perspectiva de género, Córdoba, Argentina en www.redmujer.org

 

Premios Seguridad de las Mujeres 2004: Un compendio de buenas prácticas. Disponible en www.femmesetvilles.org

 

Naredo, María (2001): Seguridad urbana y miedo al Crimen, Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, año 1; vol. 2. 

 

Naredo, Maria (2009): Gènere, seguretat i disseny urbà: claus per a la gestió municipal de la seguritat urbana amb perspectiva de gènere, Barcelona, Diputació de Barcelona. [pendiente de impresión] (colección Reflexions en femení , núm 299

 

Pitch, Tamar (2007): El género de la seguridad urbana, Vitoria-Gasteiz, Emakunde.

  

 

Web de interés

 

Genero Urban

http://www.generourban.org/Documentos/dossier_mujeres.htm

 

Femmes et villes

http://www.femmesetvilles.org/espagnol/index_es.htm

 

Red Mujer y Hábitat de América Latina

http://www.redmujer.org.ar

 

Foro europeo para la seguridad urbana

http://www.urbansecurity.org/

 

Forum Italiano Sicurezza Urbana   

http://www.fisu.it/ (sólo en italiano)

 

Women Design Service (en ingles) http://www.wds.org.uk/www/projects_promtoting_good_relations.htm



[1] Naredo, María (2001): Seguridad urbana y miedo al Crimen, Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, año 1; vol. 2. p. 1.  

 

[2] Alguacil, J. (2000): “Ciudad, ciudadanía y democracia urbana” en Documentación Social, 119, abril-junio 2000.

[3] A pesar de que la educación potencia la desconfianza de las mujeres en los desconocidos y la búsqueda de referentes de protección entre los hombres del entorno más cercano, los datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que en el 70% de los homicidios cometidos contra mujeres, el responsable fue su compañero o ex-compañero sentimental. (Ver OMS, World Report on Violence and Health, Ginebra, 2002, p.118.   

[4] Según los datos oficiales, el porcentaje de mujeres víctimas de violencia de género en las relaciones íntimas en el Estado español que denuncia los abusos sólo alcanza el 21%. (Estimación realizada a partir de datos de la Macroencuesta 2006 del Instituto de la Mujer del Gobierno español y de las cifras sobre el total anual de denuncias de 2007, presentadas por el Consejo General del Poder Judicial).    

[5] CAFSU (2002): La seguridad de las mujeres. De la Dependencia a la Autonomía Montreal, Canadá, en www.femmesetvilles.org.

[6] De las estadísticas oficiales sobre criminalidad se desprende que en las ciudades europeas los hombres jóvenes son la franja de la población que más a menudo encuentra la violencia en el espacio público.      

[7] CAFSU. La seguridad de las mujeres. De la dependencia a la autonomía. Montreal 2002.

[8] Galeano, E. (1999): Patas arriba. La escuela del mundo al revés. (4º Edición), Siglo XXI, Madrid, p.83. 

[9] CISCSA-UNIFEM (2006): Herramientas para la promoción de ciudades seguras desde la perspectiva de género, Córdoba, Argentina en www.redmujer.org, p.50.

 

 

[10] Pitch, Tamar (2007): El género de la seguridad urbana, Vitoria-Gasteiz, Emakunde, p.5.

[11] En Naredo, Maria, Gènere, seguretat i disseny urbà: claus per a la gestió municipal de la seguritat urbana amb perspectiva de gènere, Barcelona, Diputació de Barcelona, 2009 [pendiente de impresión] (colección Reflexions en femení , núm 29), se encuentra más desarrollado este ámbito.

 

[12]Premios Seguridad de las Mujeres 2004: Un compendio de buenas prácticas. Disponible en www.femmesetvilles.org

[13] Information Center of the Independent Women’s Forum (ICIWF): http://www.owl.ru/eng/women/org001/main.htm#partisip

[14] Más información sobre estas marchas exploratorias en http://www.femmesetvilles.org/seminar/espagnol/themes_es/the_marches_es.htm

Fotografías tomadas na Praza Maior, durante un acto de Amnistía Internacional con motivo da campaña Esixe dignidade!, coa colaboración de varios grupos de teatro.

O camiño da auga
Clasificado en Actualidade, Igualdade

Creado por roris o Venres, 12 de Xuño de 2009

logo_peq2Tal como aconteceu hai agora un ano nas rúas de Compostela, Implicadas/os No Desenvolvemento leva o problema do abastecemento de auga en Etiopía, e en toda África, ás rúas galegas. Desta vez, facendo que O Camiño da Auga recorra a muralla luguesa e as rúas da cidade. Esta mañá, de reivindicación e sensibilización, pero tamén de diversión, o programa transcorrerá como indicamos a seguir:

11.00 h. Chegada das autoridades públicas convidadas. Recibiraas María Reimóncez, en representación de Implicadas No Desenvolvemento, no adro da catedral.
11.30 h. Comeza o percorrido pola muralla e as rúas de Lugo carrexando as mesmas garrafas que utilizan as mulleres etíopes, cheas de auga, que irán pasando de persoa a persoa por quendas, xa que se animará ao público presente a unirse ao camiño da auga. O percorrido será o seguinte.

  • Porta de Santiago
  • A Mosqueira
  • Campo Castelo
  • Rúa de San Pedro
  • Rúa Xoán Montes
  • Rúa da Raíña
  • Praza Maior

No percorrido contaremos, entre outras con:

  • Carmen Basadre, Concelleira de Muller e Benestar a cantante
  • Pilocha, cantante
  • Blanca Rodríguez Pazos, Delegada de Vicepresidencia y Benestar Social
  • Lucía López Bayo, xornalista
  • María Reimóndez, escritora e presidenta de Implicadas
  • Pilar Neira, presidenta de Mulleres Deportistas Galegas e Seleccionadora galega de fútbol
  • Iria González-Dopeso, deportista paralímpica
  • Asociación contra a Violencia de Xénero Enriqueta Otero
  • A Cova da Terra

12.00 h. Comezan as actividades de animación de rúa na Praza Maior organizadas polas asociacións ATEIBO e María Castaña: xogos, obradoiro de globoflexia, distribución de folletos, etc.
13.00 h. Chegada á Praza Maior e lectura do manifesto.

Agardamos contar con todas e todos vós nesta xornada, tan importante para Implicadas.

Máis información en www.augaparaetiopia.org

Derechos de la mujer ¿reales?
Clasificado en Igualdade, Violencia

Creado por casandra o Venres, 3 de Abril de 2009

A continuación, un artículo de María Naredo Molero, abogada e investigadora especializada en cuestiones de género y además colaboradora de “as quetas

(Artículo pendiente de publicación en la Revista Crítica)


¿Son realidad los derechos de las mujeres ante la violencia de género?

Evaluar el impacto de la Ley Integral contra la violencia de género a cuatro años de su aprobación

María Naredo Molero

La violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja o expareja constituye una de las violaciones de derechos humanos más habituales, soterradas e impunes de cuantas se comenten en la sociedad española. Entre 1999 y 2009, al menos 630 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o ex-parejas masculinas, y se estima que anualmente más de 600.000 mujeres “conviven” con la violencia de género. De éstas, sólo un 21% denuncia los abusos. En 2005 entró en vigor la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (en adelante, Ley Integral), con la finalidad de emprender una respuesta interdisciplinar y coordinada ante este tipo de abusos[1]. Esta ley supuso un hito fundamental en la asunción de obligaciones institucionales frente a la violencia de género en las relaciones íntimas y en el reconocimiento de un amplio catálogo de derechos en materia de atención, protección y justicia. Cuatro años después de su aprobación cabe preguntarse sobre su impacto en las vidas de las mujeres sobrevivientes a la violencia.

Ley Integral, del papel a la realidad

Conforme al derecho internacional, la obligación estatal de proteger y promover los derechos humanos no termina en la fase legislativa, sino que abarca, además, la importante obligación de “hacer los derechos realidad” a través de políticas públicas y acciones de seguimiento y evaluación. Respecto a la obligación de evaluar el impacto de la norma, la propia Ley Integral comprometió al Gobierno español a ello. Sin embargo, en la evaluación oficial ha faltado un elemento clave: la participación de las mujeres a las que se dirigen buena parte de las acciones. En estos años no se han previsto cauces amplios y efectivos para la participación de las mujeres sobrevivientes (y de las organizaciones de mujeres de base) en el seguimiento del desarrollo de la ley.

La importancia de las cifras

La reducción sustancial de los abusos de género requiere tiempo y medios adecuados. Por ello, no conviene valorar la eficacia de la Ley Integral a partir de las cifras sobre la violencia de género, en especial del número de mujeres asesinadas. No obstante, existen datos que pueden señalar importantes carencias. Por ejemplo, que en 2008 el riesgo de las mujeres extranjeras ante el homicidio de género fuera casi nueve veces superior al de las mujeres españolas; o que entre enero de 2007 y finales de 2008 fueran asesinadas 23 mujeres a pesar de contar con una orden de protección en vigor, son datos elocuentes. El mensaje de desprotección que dejan debería ser leído detenidamente por las personas responsables del desarrollo de las políticas contra la violencia de género, pues revela la distancia existente entre la realidad y la norma.

Si bien no se puede pedir al desarrollo de la Ley Integral que en cuatro años reduzca sustancialmente la violencia de género, sí se puede esperar de él un avance sustancial en la investigación del fenómeno y en la publicación de datos. En 2007 el Observatorio Estatal sobre Violencia contra la Mujer elaboró una batería de indicadores para avanzar en el campo de la investigación. Sin embargo, en estos cuatro años no se ha producido ninguna investigación, nueva y metodológicamente mejorada, sobre la magnitud y la prevalencia de la violencia contra las mujeres en España. Incluso respecto a un campo relativamente acotado como el de los homicidios a manos de la pareja o expareja, aún hoy se sigue sin contar con cifras fiables. Entre 2005 y 2007 no existió coincidencia, en ninguno de los tres años, entre las cifras del Observatorio de la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial y las del Instituto de la Mujer[2].

¿Datos fiables en 2008?

En enero de 2009 el Gobierno español reconoció en sus estadísticas, que en 2008 70 mujeres fueron víctimas de homicidio de género, una menos que el año anterior. Y presentó 7 casos más como “en fase de investigación”. Organizaciones de mujeres que cada año realizan su propia estadística[3], han documentado entre 72 y 77 casos de homicidio de género en 2008, al igual que fuentes periodísticas. Un rápido repaso a los 7 casos que el Gobierno no ha incluido en su estadística, permite concluir que en la mayor parte de ellos existen indicios suficientes para considerarlos homicidios de género. Ejemplos de estos indicios serían el ingreso en prisión sin fianza del presunto agresor, o su suicidio; así como las denuncias previas de agresiones presentadas por la víctima. De ser incluidos estos 7 casos en la estadística anual, 2008 habría sido el año con mayor número de homicidios de género de la última década.

¿Un enfoque de derechos humanos?

En estos años se han adoptado buena parte de las medidas previstas en la Ley Integral y se ha creado los órganos previstos en la misma, como la Delegación Especial del Gobierno contra la Violencia de Género, el Observatorio Estatal de Violencia de Género, los juzgados sobre Violencia contra la Mujer y la Fiscalía contra la Violencia sobre la Mujer. Pero lo que va a centrar estas páginas es fundamentalmente el análisis sobre si el enfoque que ha orientado estos años de desarrollo legal es un enfoque de derechos humanos. Esta cuestión puede evaluarse desde las fases más incipientes del desarrollo legislativo. Un enfoque de derechos humanos es el que atribuye a las mujeres una posición de titulares de derechos y a las instancias públicas la obligación garantizar dichos derechos. A la vez, sabemos que es un enfoque caracterizado por la urgencia, la prioridad, la equidad territorial y la ausencia de cualquier tipo de discriminación en el acceso efectivo a los derechos.

En el desarrollo de la Ley Integral existen elementos que hacen dudar de que este haya sido el enfoque orientador. Salvo honrosas excepciones, las políticas públicas de desarrollo de la ley han colocado a las mujeres sobrevivientes en la posición beneficiarias de prestaciones sociales, generalmente escasas, sólo concedidas previa “acreditación” y condicionadas al cumplimiento de estrechos requisitos. El ejemplo paradigmático de esta tendencia es condicionar el acceso de las mujeres a importantes recursos de asistencia y apoyo, no sólo a la presentación de una denuncia como sucedía con anterioridad, sino a la obtención de una “orden de protección judicial”. Si tenemos en cuenta que de todas las víctimas estimadas sólo el 4,6% obtiene el citado requisito, podremos concluir que esta condición impide el acceso a determinados servicios clave a más del 95% de las víctimas de violencia de género, que o no denuncian o no obtienen una orden de protección[4].

La efectividad de la protección de los derechos humanos no puede depender del lugar de residencia. Actualmente, la respuesta frente a la violencia de género en ámbitos institucionales como la atención sanitaria, la asistencia social integral y la asistencia letrada es desigual en función del territorio. La falta de un acuerdo interinstitucional (administración central, autonómica y local) de estándares mínimos y de una financiación suficiente, estable y bien gestionada, son los principales factores que han incidido en este incumplimiento. La drástica reducción de la financiación estatal dirigida al equilibrio territorial en los últimos años da muestras de la escasa voluntad política de acometer este importante reto. La Administración central ha pasado de destinar a estas cuestión 12 millones de euros en 2006 a 6,5 millones de euros en 2007 y 2008, y a 5 millones en 2009.

Respecto al principio de “no discriminación”, con anterioridad a la entrada en vigor de la Ley Integral existían normas y prácticas que discriminaban a sectores de mujeres en el acceso a recursos básicos de atención y protección; el ejemplo más destacado eran las mujeres inmigrantes en situación irregular. El desarrollo de la Ley Integral no ha venido a eliminar todas estas trabas: actualmente estas mujeres no tienen acceso a ninguna de las ayudas económicas previstas legalmente para víctimas de violencia de género y su paso por la comisaría puede acarrearles sanciones relacionadas con la Ley de Extranjería. En julio de 2005 el Secretario de Estado de Seguridad del Ministerio de Interior dictó la Instrucción 14/2005[5], actualmente en vigor, que obliga a todas las fuerzas de seguridad del Estado salvo a la policía vasca. Esta norma ordena a los agentes policiales a averiguar si una mujer extranjera que acude a denunciar la violencia de género es irregular y, en ese caso, a seguir un procedimiento que puede derivar en un expediente sancionador, e incluso en una orden de expulsión. A pesar de que existe constancia de que esta norma en general no se está aplicando, el mero hecho de que siga en vigor y que sea de obligado cumplimiento entraña un obstáculo de gran envergadura para el acceso de estas mujeres a la denuncia, puerta principal de entrada a la justicia. También implica un incumplimiento por parte del Gobierno español del deber de proteger de la manera más efectiva posible los derechos humanos de las mujeres. Este deber es prioritario respecto a la obligación de controlar la migración irregular.

Si la prioridad en la acción y en la financiación caracteriza al enfoque de derechos humanos, en el desarrollo de la Ley Integral existen ejemplos de escasa priorización financiera y de dilación en la puesta en marcha de medidas. Resulta esclarecedor comparar la inversión pública destinada a las campañas de sensibilización social contra la violencia de género con la destinada a otras campañas públicas de sensibilización o información. Mientras las campañas de la Dirección General de Tráfico contaron en 2006 con un presupuesto de más de 20 millones de € y las del Ministerio de Defensa dirigidas al reclutamiento para el Ejército de más de 10 millones de €, las campañas contra la violencia de género contaron en ese año con una inversión de entre 2 y 3 millones de €[6], por debajo de las dedicadas a “Pezqueñines, etiquetado azul” o la información sobre “La Copa América de Vela”[7].

Un ejemplo de la dilación en la puesta en marcha de las acciones lo encontramos en el ámbito sanitario, precisamente el sector al que acuden la mayoría de las mujeres sobrevivientes. Los ambiciosos compromisos legales y políticos en este ámbito han contrastado con la lentitud y la escasa financiación para su puesta en práctica. En 2007 el Gobierno español lanzó el Protocolo Común de Actuación Sanitaria, pero sigue pendiente evaluar las necesidades profesionales para su correcta aplicación y elaborar una estrategia para su efectiva utilización. El importante objetivo de proporcionar formación a “todos”(y todas) los/as profesionales del ámbito sanitario, no sólo no se ha logrado sino que sigue pendiente la aprobación de un plan de formación con acciones, calendario y presupuesto, que garantice la capacitación del personal sanitario de todo el Estado.

Mientras no se asuma que la responsabilidad institucional frente a la violencia de género se funda en el derecho que corresponde a toda víctima de un abuso contra los derechos humanos de contar con recursos adecuados a sus necesidades y plenamente accesibles, no podremos afirmar que el desarrollo de la Ley Integral está orientado por un enfoque de derechos humanos. La discriminación, la inequidad territorial, la falta de prioridad y las dilaciones en el desarrollo de las políticas no son compatibles un este tipo de enfoque.

Derechos pendientes y medidas por evaluar

Sin pretender hacer un recorrido exhaustivo, y desde el reconocimiento de que buena parte de las medidas previstas en la Ley Integral han sido o están siendo puestas en marcha (lo cuestionable, más bien, es su enfoque), se quiere llamar la atención sobre algunos derechos que siguen continúan sin desarrollo efectivo. Algunos ejemplos son:

a) La atención a mujeres con circunstancias de riesgo ante la violencia de género (mujeres con drogodependencias, alcoholismo o enfermedades mentales). Estas mujeres en general no son admitidas en los recursos de acogida especializados, y tampoco se les proporciona otra alternativa adecuada a sus necesidades;

b) El derecho a recibir asistencia letrada inmediata. Aún hoy la gran mayoría de las víctimas no recibe asistencia letrada en el momento de presentar la denuncia y de solicitar medidas de protección, sino ya en el juzgado. Este tardío encuentro de las víctimas con su abogado/a puede perjudicar la correcta defensa de sus derechos;

c) La protección efectiva de las víctimas con “orden de protección” sigue siendo un reto pendiente. Unas de las claves de esta desprotección es la insuficiente dotación de efectivos policiales encargados de esta misión. Partiendo de las órdenes de protección dictadas anualmente (sólo en 2007, 35.000) y del escaso incremento de agentes policiales en los últimos años, la proporción estimada actualmente es de 70 mujeres con orden de protección por cada agente.

Pero quizá la medida más novedosa de la Ley Integral fue la creación de los juzgados especializados en violencia de género[8]. A pesar del indudable avance que supuso su implantación, actualmente las mujeres siguen encontrando importantes obstáculos en su acceso a la justicia. La excesiva carga de trabajo de la mayor parte de estos juzgados está teniendo un impacto negativo en los derechos de las víctimas. Así, la falta de investigación diligente puede ser la causa del abultado número de denuncias archivadas y de que más del 80% de los pleitos se tramiten como lesiones “puntuales”, en abierta contradicción con el elemento característico de la violencia de género: la habitualidad. También resulta preocupante que tras cuatro años de desarrollo de la ley la formación de todas y todos los jueces con competencias en esta materia siga sin ser obligatoria. Para garantizar que este tipo de juzgados sirven a la finalidad prevista en la Ley Integral, su funcionamiento debería evaluarse en profundidad con la participación de todos y todas las profesionales intervinientes, de las propias mujeres sobrevivientes, así como de organizaciones de mujeres con amplia experiencia.

Reenfocar el desarrollo de la ley

Cuando este artículo se publique estará en marcha un debate parlamentario sobre la “eficacia” de la Ley Integral y sobre si merece ser reformada. A mi juicio, con independencia de que la ley pueda mejorarse, aún es preciso terminar de desarrollarla. Asumir las claves de un enfoque de derechos humanos para el desarrollo de la norma actual y eliminar los obstáculos que merman su impacto en la realidad de las mujeres, sería mucho más transformador y efectivo que desviar la atención hacia una reforma de la Ley Integral, cuyos principales frutos están aún por recoger.


[1] Es importante destacar que la Ley Integral abarcó únicamente la violencia masculina en el ámbito de la pareja/expareja. Manifestaciones cotidianas de la violencia contra las mujeres y niñas, como los abusos sexuales en el ámbito familiar, el acoso sexual en el trabajo o la trata de mujeres con fines de explotación sexual o laboral, quedaron fuera del manto protector de la ley.

[2] Amnistía Internacional (2008): Obstinada realidad, derechos pendientes. Tres años de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, p.14

[3] www.redfeminista.org. Visita: 10 de enero de 2009.

[4] Existen algunas comunidades autónomas con legislación propia (la Ley Gallega contra la Violencia de Género, por ejemplo) que han flexibilizado los requisitos para certificar la violencia de género, incorporando los informes de los sectores institucionales a los que acuden la mayor parte de las mujeres víctimas, como el sector sanitario y el de los servicios sociales. Esta buena práctica debería extenderse al conjunto del Estado, y en lugar de pretender que las mujeres se adecuen a los recursos previstos, adecuar los recursos y la respuesta institucional a las circunstancias y requerimientos de las mujeres.

[5] Sobre “Actuación de dependencias policiales en relación con mujeres extranjeras víctimas de violencia doméstica o de género en situación administrativa irregular” de 29 de julio de 2005.

[6] El coste de la campaña de 2008, “Ante el maltratador, tolerancia cero”, fue de 4 millones de euros.

[7]Informe de Publicidad y Comunicación Institucional, Comisión de publicidad y comunicación institucional. Gobierno de España, 2006, V. Ranking de campañas, p.8.

[8] Para profundizar sobre las carencias y retos de esta medida ver los informes de Amnistía Internacional –Sección española “Más derechos, los mismos obstáculos”; y “Obstinada realidad, derechos pendientes” en http://www.es.amnesty.org/campanas/no-mas-violencia-contra-las-mujeres/saber-mas/informes-por-pais/espana/

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Cambia o conto!
Clasificado en Humor, Igualdade, Lecturas

Creado por roris o Domingo, 29 de Marzo de 2009

Todos e todas estamos de acordo en que a violencia cara ás mulleres é unha lacra social.

A  maioría queremos acabar con este problema pero para eso debemos atallalo  pola base.  Intentar cambiar esas crenzas que temos tan interiorizadas, que non somos nin conscientes ou que non queremos cuestionar, esas crenzas nas que se basea este tipo de violencia.

Ideas extendidas como  “o amor pode con todo”, a “media laranxa”, ideas como que se non tes parella non estas completo/a,  o principe azul, en definitiva todas as ideas do amor romántico que imperan na nosa sociedade, ideas que se nos transmiten dende todolos ámbitos da sociedad, peliculas, cancións, series de televisión, publicidade, contos… Ideas que fan infeliz a moita xente, ideas que fan que  as persoas aguanten situacións que non deberían permitir! Porque o amor non o é todo, alomenos a idea de amor “romántico” que se nos fai creer dende que nacemos. Hai moitos tipos de amor, cada quen escolle o que quere para si, pero antes de escoller pensa ben no que mereces. Mereces algo mellor?

Cambiemos o conto!

E para ir empezando podedes votarlle un ollo a esta nova versión do conto da “Cenicienta“.